El mundo, este que vivo a diario
hace ya tiempo que lo convertí
en ese lugar de paso para mí,
un tiempo desmesuradamente minúsculo
donde ni siquiera, ya quiero estar.
Sentí un día, hace un infinito,
que ya no existía,
que mi vida no era mía,
tan solo una parcela alquilada
donde los sueños, dormitaban.
Y sufrí...
La vida sin contemplaciones, me devoraba,
al despertar un día, me quedé sin palabras
y mis silencios, ni siquiera los poseía.
Ni sentidos ni sentimientos.
Desprotegida… Sola…
Atrapada entre multitudes de soledades invisibles.
Recorriendo de nuevo a ciegas
los vacíos que me sé de memoria.
Sola...
Como las sombras…
que nunca tienes la certeza de que existan
pero sabes que a la vuelta de la esquina, están,
y su presencia, va diluyéndose en total oscuridad.
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